¿El último verano del presidente Rajoy?

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En 2013, el estallido de los papeles de Bárcenas acorraló a Mariano Rajoy. Su comparecencia en una tele de plasma y su “mineralización” en el cargo eran contestadas en las calles al grito de “Mariano, Mariano, no llegas al verano”. Pero llegó. E incluso sobrevivió a la legislatura abierta con los resultados del 20 de diciembre y al cordón sanitario en torno a él realizado por otros partidos. El 26J, Rajoy puede volver a demostrar que su mayor cualidad es su instinto de supervivencia. Repasamos las facturas que esa capacidad de sobrevivir ha generado dentro de su partido.

En 2011, el Partido Popular ganó las elecciones con el 44,6% de los votos y logró su mejor resultado en unas generales. Cuatro años después, en las elecciones del 20D, recibió el respaldo del 28,7% y retrocedió a los porcentajes que registraba en los años 80, cuando se llamaba Alian­za Popular. Por el camino, el partido perdió en las municipales y autonómicas de 2015 la mayor parte del gran poder territorial que ostentaba.

La gestión de la corrupción y la crisis económica –y la irrupción de Ciudadanos– han desgastado al PP. Sin embargo, el 20D ha sido la fuerza más votada, con 7,2 millones de votos, y las encuestas la vuelven a colocar primera en los comicios del 26J. Unas elecciones a las que los conservadores llegan con la seguridad de que serán las últimas de Mariano Rajoy y la incertidumbre sobre cuándo se producirá su relevo y la renovación del partido.

El suelo de España

Una de las claves para explicar el “suelo electoral” del PP está en la edad de quien elige su papeleta. Según la encuesta del CIS sobre los resultados de diciembre, el PP es la primera opción para las personas mayores de 65 años, que representan el 40% de sus votantes. Una buena baza, teniendo en cuenta que casi un tercio de los votantes supera los 60 años (11,5 millones, la cifra más alta desde 1977).

Además, los ‘populares’ obtuvieron mayores porcentajes de apoyo en las provincias con menor población, como en las de Galicia y Castilla y León, donde se necesitan más votos para conseguir un escaño; y se benefician cuando cae la participación gracias a la alta fidelidad de su electorado. Todo esto ha permitido al PP aguantar el tipo ante el final del bipartidismo y limitar el trasvase de votos. Por lo menos hasta ahora.

El presidente del Gobierno en funciones repite como candidato tras cinco meses prácticamente inactivo. Mariano Rajoy renunció a formar gobierno después de las elecciones y se negó a que su Ejecutivo se sometiera a las preguntas de la oposición en el Congreso. Entonces apostó por esperar a que se agotaran los plazos hasta la convocatoria de nuevas elecciones. Ahora. su estrategia pasa por presentarse como alternativa sensata al “radicalismo” de Unidos Podemos y vender su particular visión de la situación económica.

Para el periodista José Antonio Zarzalejos, el PP está electoralmente “fosilizado” y requiere un cambio de candidato si pretende mejorar sus resultados. “Para que pase de siete [millones de votos] a once necesita un líder que no sea Rajoy, porque ahora los votos los tiene por las siglas, pongan al frente del partido a quien pongan”, comenta a Diagonal el exdirector del diario ABC. En su opinión, “Mariano Rajoy no es un valor añadido, no es un liderazgo que añada tracción electoral al PP. Sencillamente, Rajoy fagocita en simbiosis la energía de la marca PP”.

Según su análisis, si el partido, que tiene 123 diputados, pasa “a 130 o 135 escaños, habrá Rajoy para mucho tiempo, pero si se va a los 120 o 118, queda de Rajoy lo justo, que serán unas semanas”. Y añade: “Aun en la hipótesis de que gobierne, él preparará en los próximos meses una sucesión porque sabe que su recorrido político se ha terminado”.

Luchas intestinas

Aunque la dirección y los barones del PP han defendido la continuidad de Rajoy –al menos en público–, cada vez son más las voces internas que piden su marcha. Por la pérdida de poder, por cómo se ha respondido a los casos de corrupción y por entender que cualquier renovación de la organización conlleva el nombramiento de otro presidente.

Al margen de las declaraciones de cargos en retirada o con poco peso en las decisiones del partido, como José María Aznar, Esperanza Aguirre, Jaime Mayor Oreja, los expresidentes autonómicos José Ramón Bauzá y Alberto Garre, o los exdiputados Jaime Ignacio del Burgo y Cayetana Álvarez de Toledo, las críticas por la falta de regeneración le llegan desde las bases.

A finales de abril, una plataforma de militantes llamada Foro de Pensamiento y Desarrollo presentó una demanda judicial contra el PP por no haber celebrado un congreso ordinario que, según los estatutos, debería haber tenido lugar en febrero de 2015.

Días después, el semanario Ahora publicaba un artículo titulado Por qué queremos la regeneración del Partido Popular, firmado por Red Floridablanca, un think tank liberal-conservador fundado por afiliados del PP. “Va a haber un congreso y nos aventuramos a decir que va a ser un congreso abierto, [con sistema de elección] ‘un militante, un voto’ por primera vez en la historia”, afirma Isabel Benjumea, su directora, a Diagonal.

Sobre la caída electoral del PP, Benjumea considera que “tiene unas causas que no son otras que la falta de un discurso claro, coherente e identificable y la falta de transparencia, de rendición de cuentas y de una actitud ejemplar frente a la corrupción”.

El caso Gürtel, la operación Taula, las comisiones de Arístegui, Pujalte y De la Serna, la Operación Púnica, la aparición del exministro Soria en los Papeles de Panamá o el caso Acuamed han acabado de desacreditar la teoría de “las manzanas podridas” en un partido al que un juez ha impuesto una fianza de 1,2 millones de euros para no em­bargarle por su pre­sunta finan­ciación ilegal en el caso Bár­cenas.

A las pe­ticiones de re­­novación, la dirección ha contestado con el nombramiento de cuatro vicesecretarios jóvenes. Un gesto insuficiente para quienes reclaman más democracia en una organización donde, por ejemplo, no existen las primarias.

“Tienes que tragar”

“En el PP no hay primarias, no se elige al candidato y todos los nombramientos son a dedo”, explica a Diagonal Javier Torres, periodista del diario digital “conservador y no partidista” Actuall.

“Eso te garantiza que no vaya a llegar el mejor, ni siquiera el que quieren los propios militantes o afiliados, sino el que decida quien mande en ese momento. A partir de ahí, el que quiera forjarse una carrera política tiene que tener esto muy claro: dentro del PP o tienes que tragar y callar mucho o tu pugna dentro del partido será exclusivamente por el poder. No hay ningujna batalla de ideas”, señala.

El congreso no garantiza que vaya a haber debate. Habrá que ver si hay varias ponencias y candidaturas. Pero lo que sí está claro es que en el cónclave se elegirá al sustituto de Rajoy. Y como aspirantes suenan los ministros José Manuel García-Margallo y Alfonso Alonso, el presidente gallego Alberto Núñez Feijóo o la vicepresidenta del Gobierno en funciones, Soraya Sáenz de Santamaría.

Zarzalejos cree que Pablo Casado “encajaría dentro de lo que es el paradigma de los nuevos dirigentes políticos”. A favor del vicesecretario de Comunicación, que en 2009 se refirió a la memoria histórica como “la guerra del abuelo y las fosas de no sé quién”, jugaría su juventud, formación, experiencia parlamentaria, capacidad comunicativa y que gusta tanto al PP de Rajoy como al de Aznar. En cualquier caso, todo dependerá del 26J y de que el jefe decida pensar en su relevo.

[Reportaje publicado en el periódico Diagonal]

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