Podemos e IU: de la mano hacia el ‘sorpasso’

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“Unidos sí se puede”. Con esta frase recitada a dos voces ante las cámaras, después de fundirse en un abrazo en la Puerta del Sol de Madrid, Pablo Iglesias y Alberto Garzón anunciaron el acuerdo para que Podemos e Izquierda Unida (IU) concurran juntos en las elecciones generales del 26 de junio. Ambos partidos han acordado presentarse siguiendo la fórmula jurídica de coa­lición electoral, celebrar una campaña conjunta, pero con libertad para que cada formación organice sus propios actos, y garantizar “la visualización de las imágenes y logos de cada organización en los materiales de comunicación en cada una de sus campañas, así como en las papeletas de votación”, según el documento que difundieron. Además, el pacto asegura a IU uno de cada seis diputados que obtenga la coalición y al menos cuatro parlamentarios en el Senado. El objetivo de la candidatura, según los firmantes, es ganar las elecciones y “recuperar el país en favor de las clases populares”.


A pesar de la plaza escogida para el anuncio, símbolo de la mayor movilización social de los últimos años, la confluencia ha sido fruto de las negociaciones discretas entre las cúpulas de dos partidos que precisamente reivindican una nueva forma de hacer política más participativa y transparente. En el manifiesto A por Todas, publicado por Dia­gonal el 30 de abril, cargos electos de Podemos y de las candidaturas municipalistas, además de intelectuales y artistas, proponían una confluencia de cara a las próximas elecciones basada en los procesos que alumbraron Ahora Madrid, En Comú Podem o las mareas gallegas. Para ello, entre otras medidas, reclamaban la celebración de primarias abiertas para elegir las candidaturas y la redacción de un programa electoral de forma colaborativa. “El éxito de las confluencias territoriales en las elecciones del pasado 20 de diciembre nos indica el camino que puede contribuir a superar los resultados obtenidos entonces”, decían en el texto. Sin embargo, el camino seguido ha sido otro y, apremiados por el tiempo y ante la complejidad de sellar un acuerdo a nivel estatal, los partidos se han limitado a realizar una consulta a sus bases y simpatizantes para que aprueben o rechacen el acuerdo alcanzado entre sus dirigentes.

Beatriz García, codirectora del Instituto para la Democracia y el Municipalismo, considera que se ha perdido una oportunidad para crear una confluencia desde abajo. “Sin primarias abiertas con listas proporcionales, sin códigos éticos que se cumplan, sin programas colaborativos producto de un debate público deliberativo, creemos que estamos ante más de lo mismo”, comenta a Diagonal. En su opinión, las primarias abiertas proporcionales fueron “un elemento verdaderamente transformador de la antigua forma partido” en las ciudades donde se constituyeron gobiernos del cambio tras las elecciones municipales del año pasado. “Que se junten IU y Podemos no es un cambio de nueva política; es una fusión que puede ser positiva, pero no en los términos de la expectativa generada a partir del 15M de un nuevo modelo de partido, de organización, de una nueva política democrática”, señala.

En el caso de IU la consulta a su militancia fue doble. Primero, mientras comenzaban las conversaciones entre los secretarios de Organización de ambos partidos, preguntaron a las bases si aceptaban “una coalición electoral” con Podemos. El ‘sí’ obtuvo un 85% de los 20.000 votos emitidos (un 28,7% del censo). Después, la corriente ‘IU, sí; con más fuerza’, crítica con la forma en que se ha negociado la candidatura, logró que el Consejo Político Federal de la formación aprobara realizar una segunda consulta sobre el acuerdo que se alcanzó finalmente. La estrategia de Garzón y su equipo para confluir con el partido de Iglesias ha contado desde el principio con las reticencias de quienes temen que la unión pueda suponer la renuncia a ciertos principios ideológicos o el principio del fin de IU. Entre ellos, el excoordinador general Gaspar Llamazares, que ha protagonizado la oposición a la alianza con numerosas apariciones en los medios de comunicación en los últimos días. Unas tensiones que ya se produjeron durante las negociaciones frustradas para presentar una candidatura conjunta en las elecciones de diciembre y a las que ahora se han añadido las generadas por la confección de las listas o el nombre que aparecerá en la papeleta.
Potencial electoral

¿Qué ha cambiado para que el de­senlace haya sido distinto en esta ocasión? La politóloga Sandra León cree que la falta de entendimiento de Podemos con Ciudadanos, “cuando en algún momento parecía que había cierta conexión, por lo menos en algunos temas”, revela que, en los últimos meses, el partido morado se ha “anclado ideológicamente” en la izquierda. A esto León añade la caída de la valoración de Pablo Iglesias entre sus propios votantes en el barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) de abril con respecto al que se publicó tras las elecciones del 20D. Según su análisis, la confluencia beneficia electoralmente a ambas formaciones: IU aporta un líder mejor valorado y aumentaría su capacidad de captación de voto y Podemos incrementaría sus posibilidades para superar al PSOE. “El partido de Sánchez ha bajado mucho, pero tiene cierto suelo electoral y veo poco probable que se vaya a ‘pasokizar’ [en referencia a la debacle que sufrió el socialdemócrata Pasok en Grecia]. Y el hecho de que el PSOE no se ‘pasokice’ obliga a Podemos a reinventar su estrategia”, explica.

Las encuestas atribuyen un potencial electoral importante a la candidatura de Podemos e IU, que podría modificar considerablemente el reparto de fuerzas en el Congreso de los Diputados y evitar un nuevo Gobierno del Partido Popular (PP). Un sondeo publicado por Público antes de que se firmara el acuerdo arrojaba un 17,1% de los votos para la coalición (a 1,8 puntos del PP y 3,5 por encima del PSOE). Según otro encargado por ABC, la coalición quedaría por debajo del PSOE, pero perdería diez escaños si los partidos se presentaran por separado (cuatro de los cuales los ganaría el PP). Las últimas encuestas de El País y el CIS no preguntaron por la candidatura conjunta, aunque la suma de Podemos y sus confluencias e IU quedan siempre por delante del partido de Sánchez, con unas diferencias de 3,4 y 1,5 puntos, respectivamente.

Faltaría por saber qué porcentaje de electores de cada formación decidirá no apoyar una papeleta conjunta y cuántos votantes indecisos o de otras fuerzas podría atraer la coalición. Y cómo se traducirían los números en escaños. Según un análisis de eldiario.es basado en los datos de los comicios de diciembre, la confluencia podría obtener seis asientos más por otras tantas provincias en las que se quedó cerca de conseguirlo: Málaga, Sevilla, Jaén, Guadalajara, Albacete y Ciudad Real. La campaña será clave y es un terreno en el que Podemos se maneja bien. El barómetro del CIS anterior a las elecciones del 20D le dio un 5% menos de votos de los que recibió 15 días después de que se publicara. En este sentido, Sandra León apunta: “La combinación de fuerzas puede contribuir de alguna manera a generar cierta expectación de que son una alianza vencedora. Eso siempre anima al voto y puede movilizar”.

Con el acuerdo firmado, tanto Garzón como Iglesias fijan su estrategia. Más allá de superar al PSOE, ambos se marcan como objetivo alcanzar al PP y hablan del PSOE como un “aliado”, pensando en un hipotético acuerdo de gobierno que pudieran cerrar después de las elecciones. “Para nosotros, la palabra ‘sorpasso’ tiene sentido si significa superar al PP”, aseguraba el secretario general de Podemos en una entrevista en Telecinco. Mientras, PP, PSOE y Ciudadanos ven con preocupación una alianza que podría arrebatarles unos escaños decisivos para pactar en el nuevo Parlamento y empiezan a agitar el mensaje del miedo. “Nosotros apostamos por la concordia, por la esperanza de la España moderada, mientras que una alternativa extremista se asoma como un disolvente de todo lo bueno que tenemos, nuestra unidad, nuestra democracia constitucional y nuestro progreso económico”, afirmaba Mariano Rajoy en un vídeo del PP grabado en La Moncloa. Aunque oficialmente arranca el 10 de junio, parece que la campaña electoral ya ha comenzado

[Reportaje publicado en el periódico Diagonal]

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