Tras los pasos de Darwin

Volver de un viaje por Argentina y descubrir después en un libro que te regalaron hace cinco meses que has recorrido el mismo camino que Darwin en 1835. Estos son los textos que él escribió entonces al pasar por los mismos lugares por los que acabo de pasar yo.

27 de marzo. Nos dirigimos a Mendoza, atravesando un país muy bien cultivado, y que se parece a Chile. Este país es célebre por sus frutas, y en realidad son admirables sus viñas y los bosques de higueras, albérchigos y olivos. […] Lo mismo que en Chile, debe su fertilidad al riego artificial; sorprendiendo ver hasta dónde alcanzan los beneficios en un terreno naturalmente árido.

Alrededores de Mendoza; “son admirables sus viñas y los bosques de higueras, albérchigos y olivos”.

El día siguiente lo pasamos en Mendoza. Mucho ha disminuido la prosperidad de esta población durante los últimos años. Dicen los naturales que es una ciudad excelente para vivir pero muy mala para enriquecerse. […] Ni su famosa alameda, ni el paisaje que la rodea pueden compararse a lo que se ve en Santiago; pero comprendo muy bien que sus jardines y sus huertas parezcan admirables a cualquiera que viniendo de Buenos Aires acabe de atravesar las monótonas Pampas.

Jardines en la Plaza de la Independencia de Mendoza, “admirables a cualquiera que viniendo de Buenos Aires acabe de atravesar las monótonas Pampas”.

29 de marzo. Nos ponemos en camino para regresar a Chile por el paso de Uspallata situado al Norte de Mendoza. Tenemos que atravesar primero quince leguas de una región estéril. En algunos puntos, está el suelo totalmente desnudo; en otros lo cubren innumerables cactus enanos armados de espinas formidables a las que los naturales llaman pequeños leones.

[“Región estéril” en los alrededores de Uspallata, con “el suelo totalmente desnudo”]

1 de abril. Atravesamos la cadena de Uspallata y pasamos la noche en la Aduana, único punto habitado del llano. Un poco antes de dejar las montañas, disfrutamos de una vista extraordinaria; rocas de sedimento rojas, purpúreas, verdes y otras completamente blancas, alternando con lavas negras, rotas y arrojadas con el mayor desorden entre las masas de pórfido que presentan todos los matices, desde el pardo hasta el lila claro. Es la primera vez que se presenta un espectáculo que me recuerda esos preciosos cortes que hacen los geólogos cuando quieren representar el interior de la tierra.

“Rocas de sedimento rojas, purpúreas, verdes y otras completamente blancas”en el Cerro de los Siete Colores.

“Alternando con lavas negras” en los alrededores de Minas de Paramillos.

4 de abril. Media jornada de marcha hay del río de Las Vacas al puente de los Incas. En este punto hicimos rancho porque hay pastos para los mulos y porque es muy interesante la geología de esta región. Cuando se oye hablar de un puente natural, se imagina una gran bóveda tallada como la entrada de una caverna. En lugar de esto, el puente de los Incas consiste en una costra de guijarros estratificados, cimentados por los depósitos de manantiales de agua caliente que brotaban en las inmediaciones. Parece que el torrente se hubiese tallado un canal hacia un lado, dejando tras de sí una parte que se desplomaba, parte que han unido al borde opuesto las tierras y las piedras en su constante desplome. Sin esfuerzo se distingue en este puente una unión oblicua tal como debe producirse en el caso citado. En resumen, el puente de los Incas no es en modo alguno digno de los grandes monarcas cuyo nombre lleva.

Puente de los Incas, “en modo alguno digno de los grandes monarcas cuyo nombre lleva”.

5 de abril. Hacemos una larga etapa a través de la cadena central, desde el puente de los Incas hasta Ojos del Agua, situado cerca de la última casucha del lado de Chile. […] La vista es admirable: al Oeste se domina un magnífico caos de montañas separadas por desfiladeros profundísimos. De ordinario nieva antes de esta época del año y hasta resulta impracticable el camino en esta estación; pero hemos tenido buena fortuna; ni de día ni de noche se ha presentado una sola nube en el cielo, a excepción de pequeñas masas de vapores que rodean los picos más elevados. Con mucha frecuencia observo en el cielo esos islotitos que indican la posición de la Cordillera allí donde la distancia es tan grande que las mismas montañas se ocultan en el horizonte.

“Magnífico caos de montañas separadas por desfiladeros profundísimos” en las proximidades de la frontera argentinochilena, con “islotitos” en el cielo “que indican la posición de la Cordillera allí donde la distancia es tan grande que las mismas montañas se ocultan en el horizonte”.

Texto: Viaje de un naturalista alrededor del mundo (1839),
de Charles R. Darwin (Miraguano Ediciones, 2009).
Fotografías: @csevillap.

Mapa de la zona:

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