Ciudades-libro

Esta mañana, mejor dicho: este mediodía, he bajado a comprar el periódico y a leérmelo en un bar. A pesar del frío, el cielo estaba muy soleado y la gente del barrio había salido a pasear. El Greco es un bar bastante curioso situado en el cruce de las calles Rodríguez San Pedro y Blasco de Garay. Tiene una decoración antigua, con aires de café tertulia, pero nada forzada. Como si el tiempo hubiera dibujado así el local de forma natural. La parroquia de El Greco es algo distinta a la de los bares de la zona. A parte de la gente mayor, denominador común en el barrio, por este bar se pasan también estudiantes, jóvenes y parejas con niños pequeños. Al entrar se percibía una mezcla de todo, con un concierto de Franz Ferdinand en una televisión de plasma colocada en una plataforma que se había quedado grande con el cambio de televisor.

Allí, mientras la mayoría bebía cañas y bitter kas, pedí un café y me leí el periódico. Estaba leyendo un artículo de opinión de un tal Jordi Gracia que decía:

“(…) el neofranquismo de Pío Moa está propiciando una nostalgia de las viejas banderas de la izquierda en historiadores profesionales, en articulistas sensatos urgidos de dar respuesta rápida y actual a la irresponsabilidad de profesionales de la propaganda en su sentido duro, el de la propaganda como mercado de la mentira, la propaganda política como maniobra de disolución de la verdad. Existe la tentación de pensar que los neofranquistas de la cuerda de Pío Moa o de César Vidal necesitan un escarmiento (…) Las banderías reaparecen para dejar yermo el espacio de la inteligencia, que no puede conformarse con esa mendacidad interpretativa, porque la inteligencia no maneja banderías. (…)”

Y en ese momento, oigo: “oye, chico”. Levanto la vista y una chica me ofrece un ejemplar del De Verdad

(órgano de expresión de la Unificación Comunista de España). La frase que usaba para venderlo, y que me dijo en cuanto la miré, era: “Contra el estatut”. Hace un tiempo oí cómo lo vendían en la boca del metro diciendo: “Contra Arzallus”. No me gustó el reclamo y decliné la oferta agradeciéndosela.

Seguí leyendo. Cuando acabé eran las dos de la tarde y el bar, al contrario de lo que pudiera parecer, estaba más lleno que antes. Me había guardado los suplementos para leerlos en un parque que hay cerca. Se llama Jardines del Concejal Alejandro Muñoz Revenga, pero viene a ser una plaza ajardinada pequeña (0,28 hectáreas, según

el Ayuntamiento de Madrid) y adosada a una iglesia bastante grande, la del Cristo de la Victoria (¿qué victoria será?). En la plaza, la gente, una veintena de personas, se repartía estratégicamente entre los bancos colocados en la zona donde daba el sol.

En el centro, en un espacio con una fuente y césped, se concentraban las palomas, que daban paseos intermitentes por el resto de la plaza. No me gustan las palomas. Una mañana, en una casa en la que vivía hace un par de años, se coló una paloma en el salón, al que daba mi habitación. Me levanté por los golpes que se daba el animal al intentar salir por la puerta de la terraza, que estaba cerrada. Cuando abrí la puerta de mi habitación y la vi, no pude salir. Y no lo hice hasta dos horas después, cuando mi compañero de piso se levantó, abrió la puerta y la sacó. En un documental escuché que, en las ciudades, las palomas son las ratas del cielo, y que pueden transmitir enfermedades. En el parque había una de ellas que perseguía a otra mientras se erguía y levantaba la cabeza alargando el cuello y batiendo las alas. La perseguida no le hacía caso. Tras unos minutos de observación, intuí que la primera no era paloma sino palomo.

Un par de niñas, hermanas, pasaron con sus minibicicletas por delante de las palomas y las espantaron. Eran madrileñas de Guayaquil… o de Quito…. Sus padres las vigilaban para que no se fueran lejos al tiempo que les hacían fotos con una cámara digital.

Cerca del banco donde estaban los padres había uno con un par de vagabundos sentados. Uno de ellos ayudaba al otro a levantarse, casi obligándolo. Lo rodeó con el brazo y comenzaron a andar hacia un extremo de la plaza. El ayudado se tambaleaba y parecía que se fuera a caer. Cuando llegaron a un rincón formado por unas casetas de electricidad o de ventilación, el borracho se agachó, no sin dificultad, para hacer sus necesidades. Para intentar ocultarlo, su amigo se apoyó en una pared mirando hacia el centro de la plaza. Mientras el vagabundo cagaba, a 15 metros, las niñas de las bicis jugaban con su madre en una zona de columpios que forma parte del parque.

A la plaza acababa de llegar un anciano en silla de ruedas, acompañado por una señora mayor y una joven asiática que cuidaban de él. Se sentaron en un banco al sol, como si fuera el tratamiento recomendado para el paciente. El anciano llevaba una manta de cuadros en el regazo y la joven, sonriente, le sonaba los mocos.

El indigente que había acompañado a su amigo lo abandonó por un instante. Caminó hacia el banco contiguo al que ocupaban y despertó a otro indigente, que aprovechaba como reposacabezas el apoyadero que el Ayuntamiento había puesto en el centro de algunos bancos para evitar que la gente se tumbara. Los dos volvieron al rincón a por su amigo. Mientras uno sujetaba al borracho, el otro le abrochaba los pantalones y le bajaba los faldones de la chaqueta para que no se enfriara. Entre los dos, lo devolvieron al banco, donde rescataron de una bolsa una botella de plástico y comenzaron a bebérsela mientras uno de ellos repartía cigarrillos.

A tres bancos de este grupo había una vecina que paseaba a su perro, de color marrón, que mordía la correa que llevaba amarrada al cuello. Y en el banco de al lado, un abuelo leía el periódico y se fumaba el cigarro que su mujer, su médico, el Estado, o su propio sentido común le decían que no fumase. En el informativo local de la radio, que estaba escuchando por los cascos, decían que esta noche The Strokes actuaban, por sorpresa, en la Sala El Sol. Me hizo gracia, que un grupo como The Strokes hiciera conciertos así: anunciándolos con dos días de antelación.

De repente noté frío en los pies. El sol empezaba a ocultarse detrás de un edificio y la sombra había llegado a la altura de mis zapatillas. Unas inspectoras del Servicio de Estacionamiento Regulado, las que vigilan si has pagado por aparcar en la zona verde o azul, habían acabado de comerse un bocadillo y se marchaban. En menos de cinco minutos el sol ya no tocaba ninguna parte de mi cuerpo y decidí marcharme yo también. Eran las tres de la tarde. En la radio hablaban del cheque británico. Mientras me alejaba, me pregunté si alguien de los que estábamos allí seguía la polémica sobre los presupuestos europeos, si nos interesaba, si nos debía interesar, en qué nos afectaba, si nos afectaba, de qué forma a cada uno…

Encaré la calle Calvo Asensio. En la parte de arriba, está uno de los locales de copas de la zona más conocidos: el Supersonic

. Un repartidor de Coca-Cola entraba cargado de cajas para que los camareros no tuvieran problemas de abastecimiento en unas horas. En la pared del local, en la calle, alguien pintó hace tiempo: “El polvo de la calle son las cenizas de tu alma”. Seguí caminando hasta casa.

Cuando llegué encendí el ordenador, donde todavía sigo. Recordando una frase de una canción de Quintín Cabrera que oí el otro día en un programa de Radio 3: “las ciudades son libros que se leen con los pies”.

. . .

Les barbaritats de la COPE: Rubalcaba

“Lo de aquí fue lo más parecido a un golpe de Estado postmoderno firmado por producciones Rubalcaba”
La mañana, Federico Jiménez Losantos (12/07/2005).

“Al lado de Rubalcaba, la serpiente del paraíso era un gusanito inocente”
La mañana, Federico Jiménez Losantos (22/06/2005).

Nota: Después de que Rubalcaba dijera que no condenaba a ETA por su tregua.

“Me gustaría saber si Rubalcaba ha dicho l verdad alguna vez, quizá de niño, porque sólo le hemos visto mentir y cargarse la educación pública y la higiene mental”
La mañana, Federico Jiménez Losantos (12/07/2005).

“Y Zapatero lo que ha decidido es que los españoles no nos enteremos de quién dio la orden de matar el 11 de marzo, quizás porque lo supo él antes que nadie”
La mañana, Federico Jiménez Losantos (30/03/2005).
Nota: Respecto al hecho de que el PSOE investiga poco la autoría de los atentados del 11-M.

[Extraído de “Les barbaritats de la COPE”, Álvaro Vioque, Ed. Ara Llibres, Barcelona 2005]

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6 respuestas a Ciudades-libro

  1. Ricard dijo:

    Maravilloso relato don Carles, me ha encantado. Es usted grande.

  2. Carlos Sevilla dijo:

    Jeje… Gracias, Ricard! Aunque nada como el mítico Claudio Buenafuente (http://www.claudiobuenafuente.com).

  3. erithea dijo:

    Me ha encantado el artículo. De una idea maravillosa, un artículo cojonudo. Un besazo.

  4. aida dijo:

    acabe de llegir el teu article, m’ha agradat molt, m’he sentit identificada, també tinc eixos moments de reflexió, d’observació de la xicoteta parcela de món que m’envolta i crec que ha sigut una gran idea arribar a casa i plasmar-ho tot en unes línies (encara que al final acabares dinant molt tard, jeje) ara t’entenc, normal que tingueres por que se t’oblidara tot!!

    un beset enorme!!!

    acabo de leer tu artículo, me ha gustado mucho, me he sentido identificada, también tengo esos momentos de reflexión, de observación de la pequeña parcela de mundo que me rodea y creo que ha sido una gran idea llegar a casa y plasmarlo todo en unas lineas (aunque al final acabaras comiendo tarde)ahora te entiendo, normal que tubieras miedo de que se te olvidara todo.

  5. felisa dijo:

    bonito texto tximino, ha sido como leer un cuadro que a la vez de plasmar una escena, plasma una realidad a veces invisible a los que no miran.

    besitos de cornisa a cornisa.

  6. Lord Brithuss dijo:

    Querido Carlos:
    He llegado a tu blog a través de una respuesta tuya a un artículo de Electroduende (reciente) sobre Cuatro y Debora Hombres. Y macho, que llevo aquí una hora y no me canso de leer. Te felicito, tienes un estilo estupendo, me encanta tu blog y no he encontrado con ningun post que no me hubiera gustado escribir a mí.
    Te invito que visites mi (humilde en comparación) blog y, por favor mándame algún correo (brithussbiracorae@hotmail.com) porque compartimos muchos puntos de vista e intuyo que tenemos mucho de lo que charlar. Enhorabuena y un saludo afectuoso

    Lord Brithuss (http://brithussbitacorae.blogspot.com)

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